Boulevardiers
Los amigos de Lautrec respondían al tipo de hombre exitoso, independiente, y moderno que se denominó boulevardier. El pintor retrató a alguno de ellos con la intención de exponer el resultado en el Salon des Indépendants del año 1891.
Comentarios de algunas de sus obras

Perteneció a la propia Lily Grenier; después a H. Cottereau, también de París; de este pasó a la colección Harrison, y finalmente por donación al Museo. En el reverso figura un boceto de paisaje de René Grenier.
Lautrec, Lily y sus amigos de la Comédie Française se divertían disfrazándose para ser fotografíados
Durante su formación en el taller de Cormon, Lautrec pintó varios retratos de sus compañeros, a la vez que fue retratado por ellos.






El banquero Henri Fourcade protagoniza este sensacional retrato, alejado de las típicas imágenes de poder donde las figuras se sientan tras poderosas y engalanadas mesas que refuerzan su posición dominante en la sociedad. Toulouse-Lautrec le presenta en el baile de la Opera para mostrarnos una faceta más divertida del personaje, situándole en el centro de la composición y creando el efecto de acercarse hacia la zona del espectador. De esa actitud no se puede colegir a primera vista su función en la vida pública. Pero retratar al banquero detrás de un escritorio hubiera significado para Lautrec representar solamente el aspecto conocido de su vida, es decir, su función como banquero. Por el contrario, el hombre en el baile de la ópera, claramente destacado del resto del público, despierta la atención y la curiosidad, despierta la atención y la curiosidad del espectador.
Las dos figuras en segundo plano, una modista y un hombre con sombrero de copa en el que se reconocen las facciones de Gabriel Tapié de Céleyran, primo de Lautrec, apenas distraen la atención, centrada en los rasgos vigorosos del banquero. A ello contribuye la renuncia a una representación detallada de la ropa y de las manos. La postura inestable del banquero convierte el cuadro en una instantánea, con la presencia animada del retratado, esto es, la postura de Fourcade refuerza el aspecto de fotografía que encontramos en la imagen, enlazando con la faceta de fotógrafo de su tiempo que siempre se otorga a Lautrec.
Los detalles son eliminados para concentrar el interés en la efigie del banquero mientras la composición se organiza a base de un entramado de líneas que empequeñecen la estancia. El color es aplicado con rapidez, apreciándose los trazos que forman una especie de mosaico.
Existe también un espectacular estudio del busto de Fourcade a carboncillo.
Arriba, a la derecha: "A mon bon ami / Fourcade / 89. HTLautrec".
Expuesto el mismo año de su realización en el Salon des Indépendents.



Escritor y marchante de arte, Maurice Joyant (1864-1930) fue uno de los amigos más íntimos de Lautrec, a quien conocía de los tiempos de la escuela. En 1890 sucedió a Theo van Gogh en la Galería Goupil. Más tarde abriría su propia galería con Manzi. Fue también crítico de arte, y editó el "Figaro illustré", para el que Lautrec trabajó como ilustrador. Joyant organizó las primeras exposiciones de Lautrec, y trabajó a favor del reconocimiento de éste. Tras la muerte del pintor, el padre de éste nombró a Joyant albacea testamentario. Joyant catalogó la obra de Lautrec y escribió en 1926/27 la primera monografía sobre él en dos tomos. En colaboración con Gabriel Tapié de Céleyran, primo de Lautrec, fundó el Musée Toulouse-Lautrec en Albi, que fue inaugurado en 1922.
pulares entre los artistas y escritores hacia 1875, bajo la influencia del movimiento naturalista. Aunque el tema interesó, entre otros, a Manet, fue Degas quien le concedió toda su importancia en su obra de 1876 El ajenjo, el más famoso y controvertido de sus retratos, cuya ambientación y atmósfera sugieren esta obra.
Lautrec recurrió a la fotografía para documentarse como lo atestigua Maurice Joyant: "Empieza por mirar un buen rato a los personajes sentados a la mesa, luego Paul Sescau saca una fotografía que da una idea del conjunto. Al comparar el cliché con la tela, uno se sorprende de la habilidad para transferir la composición, del elemento psicológico que presta a ambos modelos un aire atormentado..."
paja, una sombrilla y un vestido con lazos adornándolo. Sin duda ella quería parecer una dama de sociedad, y casi tiene éxito, sino fuera porque el artista no podía resistir añadir socarronería. Berthe parece como si fuera parte de una mascarada.
Entre 1887 y 1946 expuso regularmente sus cuadros en el Salón de París. La postura relajada y el correcto atuendo no permiten reconocer que se trata de un pintor. Solamente el escenario - Dennery está sentado en el taller de Lautrec sobre el mismo sofá que la Modelo desnuda sobre un diván (1882) - establece una relación entre el retratado y su profesión.
Sigla abajo, a la izquierda.






Un oficial, un tal Fabre, en pie, escruta el horizonte, con unos prismáticos, mientras un soldado montado le tiene las riendas de su caballo. En esta obra de Henri de Toulouse-Lautrec, el paisaje ocupa gran parte de la tela, que representa una escena de relativa quietud; sin embargo, la pintura presenta las características propias del estilo del artista, dominado por el fuerte dinamismo de las formas y la captación del instante. A la diagonal que marca el borde del camino y separa, a su vez, el primer plano del fondo, opone en cruz la de los caballos y el personaje que observa indicando la dirección hacia donde el espectador debe dirigir la mirada. Dibuja con trazos rápidos y certeros, captando la actitud de los personajes y los animales. La silueta de los caballos aparece delineada en negro, a la manera de las estampas japonesas, de gran influencia en su obra. El encuadre de la escena genera un espacio de carácter fragmentario, propio de la fotografía, cuyos recursos había conocido a través de la obra de Degas.
La tela fue dedicada a su amigo Fabre, de quien el artista había sido huésped en los últimos años de su vida.
A la izquierda, abajo: "Lautrec à l'ami Fabre. 1901".
