A los 23 años hizo Lautrec en un local parisino un retrato de su camarada Vincent van Gogh, que contaba entonces 34 años. Rayas de tiza de pastel de colores delicados dan origen al más logrado retrato del controvertido pintor holandés: un animal al acecho, delante de su copa de ajenjo, a la espera, dispuesto a saltar en cualquier momento; así lo veía el mundo. Sea cual fuere la fuerza testimonial y la excelencia artística de los autorretratos de van Gogh, éste hecho por Lautrec resume magistralmente el “fenómeno van Gogh”, su psicología. Por primera vez el poder de compenetración de Lautrec logra la descripción de un ser humano tan completa como sintética. El estilo aún impresionista supera lo atmosférico y logra plasmar el temperamento obsesivo de van Gogh, a la vez que reproduce nítidamente sus características fisonómicas. Su frente ancha y hacia atrás, su nariz protuberante, características familiares de los van Gogh, en una palabra: su perfil, no se conocería de no ser por el retrato que Lautrec hizo de su amigo. A pesar de los muchos autorretratos y las tres fotografías que de él existen, no hay ni uno solo que lo muestre de perfil.
domingo, 15 de marzo de 2009
RETRATO DE VINCENT VAN GOGH
A los 23 años hizo Lautrec en un local parisino un retrato de su camarada Vincent van Gogh, que contaba entonces 34 años. Rayas de tiza de pastel de colores delicados dan origen al más logrado retrato del controvertido pintor holandés: un animal al acecho, delante de su copa de ajenjo, a la espera, dispuesto a saltar en cualquier momento; así lo veía el mundo. Sea cual fuere la fuerza testimonial y la excelencia artística de los autorretratos de van Gogh, éste hecho por Lautrec resume magistralmente el “fenómeno van Gogh”, su psicología. Por primera vez el poder de compenetración de Lautrec logra la descripción de un ser humano tan completa como sintética. El estilo aún impresionista supera lo atmosférico y logra plasmar el temperamento obsesivo de van Gogh, a la vez que reproduce nítidamente sus características fisonómicas. Su frente ancha y hacia atrás, su nariz protuberante, características familiares de los van Gogh, en una palabra: su perfil, no se conocería de no ser por el retrato que Lautrec hizo de su amigo. A pesar de los muchos autorretratos y las tres fotografías que de él existen, no hay ni uno solo que lo muestre de perfil.
domingo, 8 de marzo de 2009
CARROZA DE DOS CABALLOS VISTA POR DETRÁS

martes, 10 de febrero de 2009
La Tauromachie

óleo sobre cartón
55,5 x 72
Colección particular
Esta rara implicación de Toulouse-Lautrec en cubiertas para publicaciones artísticas fue alentada por el influyente crítico de la época Claude Roger-Marx, gran admirador del artista, que también estaba interesado en la renovación de una disciplina asociada con las artes decorativas. Gran admirador de Francisco de Goya y sin duda consciente del crítico, e incluso cínico, ojo que el pintor español moldeaba la condición humana era muy parecido al suyo, Toulouse-Lautrec de buen grado estuvo de acuerdo en trabajar en este proyecto. Ya había realizado una litografía para otra colección de grabados del maestro español, Los Desastres de la Guerra, y también estaba fascinado por las corridas de toros, habiendo asistido a alguna en la plaza de toros de la calle Pergolèse.
Para decorar esta cubierta, el artista empleó un vocabulario simbolista para evocar el trágico mundo del toreo y su omnipresente sombra de muerte. En lugar de representar la acción de la corrida de toros, Toulouse-Lautrec representó dos calaveras visualmente conectada por una diagonal línea roja creada por el capote y el estoque del torero. La tensión dramática de esta composición sumerge al espectador en una lucha a muerte. El simbolismo de esta clara alegoría de la muerte recuerda al género vanitas tan querido por los maestros flamencos del siglo XVII. Ejemplo único del espontáneo genio de Toulouse-Lautrec y su gran libertad pictórica, esta obra también reafirma que fue uno de los más brillantes e innovadores artistas del cartel parisinos de la Belle Epoque.
miércoles, 8 de octubre de 2008
BAL MASQUÉ

El uso de la grisalla de Lautrec en esta pintura realza el impacto de esta composición. Mientras la gradación tonal permite a la pintura ser fácilmente reproducida en medios impresos, también se presta a explorar la dinámica de la perspectiva espacial. Las íntimas interacciones del grupo del primer plano y la actividad del la gente del fondo son representadas con igual énfasis, pero el impacto de ambas escenas no despistan al espectador. Como su colega Degas que se deleitaba en el estudio de las interacciones sociales de la vida moderna, Lautrec fijó su atención en las relaciones de coqueteo de los personajes del primer plano. Este foco sobre la seducción fue un tema recurrente en la mejor obra de Lautrec, particularmente en sus famosas escenas de cabaré y de burdel que mostraban el lado más oscuro de la vida mundana. Se ha sugerido en una discusión realizada en 1958 sobre la presente obra que alguno de los personajes representados en ella son conocidos personajes tales como Renée Vert, Adolphe Albert, La Gouloue y Claudon.
jueves, 12 de junio de 2008
MONSIEUR

Fue en este contexto en el que en 1878 el joven artista, de 14 años, pintó Monsieur, presunto retrato de su padre representado montando un carruaje de dos caballos. En este enternecedor retrato, Lautrec toma prestado el tema ecuestre de Princeteau y también se sumerge en su extremadamente ágil técnica; las dinámicas pinceladas, revisadas en la masa pictórica y en los caballos, cuyos cuerpos están levemente bosquejadas pero cuya musculatura está ricamente detallada, son prueba del virtuosismo del joven Lautrec. Esta obra adolescente, donde percibimos las características que más tarde cimentarían la reputación de Toulouse-Lautrec, se muestra como un impresionante testimonio del talento demostrado por el artista ya en 1878.
Firmado “H.T.L. d’après Goubie”, abajo a la derecha
domingo, 27 de abril de 2008
DOS MUJERES HACIENDO LA CAMA (Deux femmes faisant leur lit)

La presente pintura muy probablemente tiene lugar en uno de los celebrados burdeles parisinos, que estaban localizados en la rue des Moulins, en la rue de Roisers y en la rue Richelieu. En todo momento agudo observador, el artista ha proporcionado un atisbo de la vida cotidiana de uno de estos célebres establecimientos. Aunque explícito en el tema, Deux femmes faisant leur lit pone el acento en las tareas mundanas de la vida diaria de una prostituta, de manera parecida a las escenas familiares de la clases media representadas por sus contemporáneos.
domingo, 30 de marzo de 2008
EN OBSERVACIÓN (EL VIGÍA)
Un oficial, un tal Fabre, en pie, escruta el horizonte, con unos prismáticos, mientras un soldado montado le tiene las riendas de su caballo. En esta obra de Henri de Toulouse-Lautrec, el paisaje ocupa gran parte de la tela, que representa una escena de relativa quietud; sin embargo, la pintura presenta las características propias del estilo del artista, dominado por el fuerte dinamismo de las formas y la captación del instante. A la diagonal que marca el borde del camino y separa, a su vez, el primer plano del fondo, opone en cruz la de los caballos y el personaje que observa indicando la dirección hacia donde el espectador debe dirigir la mirada. Dibuja con trazos rápidos y certeros, captando la actitud de los personajes y los animales. La silueta de los caballos aparece delineada en negro, a la manera de las estampas japonesas, de gran influencia en su obra. El encuadre de la escena genera un espacio de carácter fragmentario, propio de la fotografía, cuyos recursos había conocido a través de la obra de Degas.
La tela fue dedicada a su amigo Fabre, de quien el artista había sido huésped en los últimos años de su vida.
A la izquierda, abajo: "Lautrec à l'ami Fabre. 1901".

